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*** PRÓLOGO: Viaje a las entrañas de una familia memorable

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Escuche este episodio PRÓLOGO Hay una hora, ya tarde en la vida, en que los recuerdos dejan de ser una mirada hacia atrás y se vuelven el único lugar donde todavía es posible conversar con los que amamos. No sucede de un día para otro. Llega despacio, sin avisar, mientras los años depositan sobre los hombros una serenidad que la juventud no conoce. Uno entiende entonces que la memoria no es un refugio para huir del presente, sino la casa donde viven las raíces. Creí durante mucho tiempo que ciertas historias se irían conmigo. Pensaba que bastaba guardarlas para que siguieran vivas. Hoy sé que la memoria también envejece. Los nombres se desdibujan, las fechas se confunden, los rostros van tomando el color de la neblina que cubre las montañas al amanecer. De ahí nace la necesidad de escribir. No escribo para reconstruir el pasado con exactitud; ninguna memoria puede hacerlo. Escribo para rescatar lo que el tiempo todavía no ha borrado: las personas que me enseñaron a vivir, los lugare...

No 44 "Entre risas y lágrimas: El dulce misterio de vivir"

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CAPITULO 44  "Entre risas y lágrimas: El dulce misterio de vivir"  A medida que avanzo en estas memorias, no puedo evitar reírme de la vida que he vivido. —No es una risa burlona— aclaro, —sino una risa de asombro y gratitud. Las desgracias que alguna vez parecieron montañas insuperables, ahora se ven como simples colinas en el paisaje de mi existencia. Y aún quedan más historias por contar, más experiencias por compartir que darán sentido a cada capítulo de mi vida. Recuerdo las ambiciones de mi juventud: “Dejaré una huella imborrable en el mundo”, me decía. Ahora, sentado aquí, escribiendo estas líneas, me doy cuenta de que la huella más importante es la que dejamos en los corazones de quienes nos rodean. A veces, en medio de la reflexión, me sorprendo pensando: “¿Estoy llorando? ¿O estoy riendo?”. Me río de los momentos de torpeza, de las preocupaciones que resultaron infundadas. Lloro por las oportunidades perdidas, por los seres queridos que ya no están. Pero en esa mezc...

No 43 "El Refugio de la Esperanza: La eternidad de un instante"

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  CAPITULO 43 "El Refugio de la Esperanza: La eternidad de un instante" El viento de Montreal soplaba con una intensidad que parecía arrancar no solo las hojas de los árboles, sino también los recuerdos que había intentado ocultar en lo más profundo de mi ser. Era como si la ciudad, con su manto de nieve y su silencio penetrante, quisiera despojarme de mi pasado, deshojando lentamente las memorias que aún me aferraban a mi tierra. Pero no, esos recuerdos no se iban tan fácilmente. Permanecían suspendidos en el aire frío, flotando a mi alrededor como las luciérnagas de las noches cálidas de mi infancia, enredándose en mi cabello, susurrándome al oído que aún no era libre, que el pasado no se olvida, simplemente se transforma. La espera, esa compañera implacable, se había convertido en mi sombra. Se movía conmigo, alargando sus brazos invisibles cada vez que intentaba escapar de sus garras. Y sin embargo, en su abrazo helado, encontré un extraño consuelo, una especie de tregu...